domingo, 20 de diciembre de 2015

Lecciones de un campista novel


Lecciones de un campista novel

Me he ido de acampada con mi tienda canadiense para dos personas. Es increíble cómo han evolucionado las tiendas y el mundo de la acampada con respecto a hace 20 años, puesto que mi tienda (última novedad en su época), despertaba la curiosidad de los presentes en el camping. Lo mejor es la preparación física para sujetar los "vientos" de la misma, puesto que si la tierra está muy dura y no llevas el "kit" de campista, acabas usando tu pié como martillo. Pero quizás tengamos que tener en cuenta a la hora de montar una tienda lo siguiente:
  • La ubicación.
  • La proximidad a algo a dónde atarla.
Bien, si la ubicación está inclinada, la cosa se traduce en dormir inclinada toda la noche, así mismo, la existencia de piedras debajo puede producir una ligera molestia, así que quita esa piedra antes de que no haya solución, créeme, esa piedrecita de 2mm inofensiva acabará clavándose en tu riñón si no lo haces, quedas avisado.
Pero no olvidemos que la existencia de árboles próximos y una cuerda puede favorecer la colocación de bañadores, camisetas, bolsas... de manera muy útil y, si llueve, siempre puede sujetar la tienda.
Pero quizás lo mejor de mi experiencia campista haya sido ver a tu compañero de viaje montando y desmontando dicha tienda, a pesar de no tener ni idea. Parece una situación normal pero, si estamos hablando de un chico de 1,70m en pijama (de esos que compramos hace 13 años y sigue ahí, a pesar de que las rayas nos recuerden a los años 60) levantando la tienda como si fuera una sábana, la verdad es que la imagen llama la atención de cualquiera. Así que cuando llegas a tener esa imagen en frente de tus ojos, sólo se te pasa por tu mente una pregunta, ¿cómo pudiste entrar en ella? 

Conclusión, te puedes gastar una barbaridad en una tienda de campaña "ultramoderna", pero que tu tienda de hace años sea considerada una reliquia, entres en ella y que tu compañero sea capaz de darle la vuelta con sólo sus dos brazos, no tiene precio. ¡Vivan las tiendas canadienses de dos plazas y que son más pequeñas que tu coche! Próximo año, ¡¡nos vamos de festivales, ya que el aire retro está de moda!!




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